Cuando verdaderamente somos cristianos, Cristo vive en nosotros y debemos reflejarlo en nuestras acciones. Esto implica que aquellos que se acerquen a nosotros puedan experimentar Su paz, recibir Su consejo y percibir Su presencia. El Espíritu Santo que mora en nosotros nos santifica, pero esto no significa que tengamos licencia para pecar nuevamente. Más bien, nos capacita para vivir en santidad y nos preserva para su venida.
La gracia de Cristo nos capacita para mantenernos en santidad, guiándonos en nuestro caminar diario, mostrándonos el camino a seguir y dándonos vida para impactar a los demás.
¿Cómo podemos experimentar la presencia de Cristo en nosotros? A través de la intimidad en la oración, dedicando tiempo a buscarlo y creyendo que Él está con nosotros. En ese encuentro íntimo, conocemos la verdad que nos hace libres para vivirla. Cuando oramos, entramos en el Reino de Dios y el Espíritu Santo nos habla al corazón, comunicando su voluntad a nuestra mente, permitiéndonos vivir conforme a sus planes para nosotros.
Ser hijos de Dios va más allá de simplemente creer; implica una relación íntima y personal con Él. Cuando conocemos a Dios en profundidad, dejamos de ser siervos y nos convertimos en amigos de Cristo. Jesús mismo, al venir a la tierra, se sometió a la voluntad del Padre, aprendiendo la obediencia que lo llevó a ser reconocido como Hijo. Esta misma obediencia nos otorga perdón, restauración y la libertad de ser llamados hijos de Dios.
Cristo, al venir como hombre, experimentó el mismo proceso de transformación que cada uno de nosotros tiene la libertad de vivir. Nos enseñó a obedecer completamente la voluntad del Padre, estableciendo una relación de confianza y amor profundo. Al rendirnos a Su voluntad, podemos vivir la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios.
Dios tiene un plan específico para cada uno de nosotros, y si nos rendimos a Su enseñanza día a día, podemos vivir conforme a Sus designios. La obediencia a la voluntad de Dios implica someternos por completo a Él, confiando en Su amor y haciendo Su voluntad en lugar de la nuestra.
