Tenemos el honor de conocer las realidades de Cristo. Su poder, su gracia y tenemos el deber de compartirlo. Entender quiénes somos en el Señor Jesucristo: Somos quienes presentan y muestran al Señor, y por eso debe vivir primeramente en uno.
Fe es cuando crees en el corazón, no cuando declaras fe.
Somos, podemos y debemos ser santos.
Quien te recibe a ti, recibe a Cristo y a al Padre.
Dependiendo de cómo yo reciba, seré yo.
Entonces, si recibimos bien, ya no seré yo, si no Cristo.
Cuando recibo bien, recibo el regalo de ser hijo de Dios y ungido. Tal como Cristo.
Entonces puedes entrar, ya que tienes las llaves y entras cuando quieres.
Ser santos
Mientras no entendamos e intentamos no pecar en nuestra propia voluntad, terminamos en el pecado.
Es una ley que el mal está en mi, y una ley, se cumple siempre.
En mi voluntad yo puedo colocar un vaso en la palma de mi mano y sujetarlo, pero hay una ley superior: la ley de gravedad.
Entonces, ¿Cuánto tiempo podré sujetar el vaso antes que caiga?
La ley de gravedad ganará y se caerá.
En mi voluntad yo quiero ser santo y no pecar, pero hay una ley superior que hará que yo peque.
Ahora, ¿Significa entonces que nadie puede ser santo?
¡De ninguna manera! Hay una ley superior al pecado:
La ley del Espíritu Santo
Ya no vivo yo, yo recibo a Cristo, y entonces, Cristo vive en mí: Hazle caso a tu Espíritu Santo y deja que te salve. Él tiene todo el poder afirmando tu santidad. Es una ley superior al pecado, e incluso ante la gravedad.
No tienes que pelear con el pecado, déjaselo al Espíritu Santo.
Cristo tenía al Espíritu Santo, y eso lo hacía ser el ungido. Y así, tal cual, estamos llamados a recibirlo y vivir nosotros.
En esa santidad se manifestará Su Poder completo.
Cristo vino en el mismo cuerpo, y lo tendía a hacer pecar. Pero Él aprendió y usó esa ley que es superior.
Este es regalo, y es el don del Espíritu Santo y nos permite vivir en Su Ley.
Vivir de acuerdo al Espíritu Santo que está en ti y que la ley de la rectitud se cumpla en nosotros.
Ya no somos más lo que fuimos. Hoy vivimos y existimos en la naturaleza divina:
Ocuparse de las cosas de la carne es muerte, es decir, van a pecar. En tu voluntad no lo vas a lograr.
Pero el ocuparse de las cosas del Espíritu es rectitud, gozo y paz.
Todo el poder de Dios está sobre nosotros, a favor nuestro para que vivamos en santidad.
Entonces somos Su Plenitud.
Nuestra esperanza es que Cristo fue puesto como cabeza nuestra, ahí está Su Poder. Dejemos que sea nuestra cabeza la que se comunique con él Espíritu Santo.
Por tanto, Si no tienes a Cristo en ti, eres un inválido espiritual:
No tienes poder de Dios.
No convences a nadie.
No hay frutos.
Cuando soy el cuerpo de Cristo.
El Espíritu Santo habla a mi corazón, mi corazón a mi mente, y entonces actuo.
“No sé queden acá abajo. Vamos arriba, entra en Su Reposo. La cuarta dimensión”
Si entras al lugar santísimo, te das cuenta lo maravilloso que es. Entonces, morir te es ganancia.
Ambas cosas te son gratificantes, vivir glorificando al Padre acá o vivir eternamente con Él.
Pero para que está frase se haga real y sincera en ti, debes entrar y pasar tiempo con Dios.
