El Espíritu Santo y su gran trascendencia

El Señor exige que le obedezcan.

Dios ve nuestro corazón, no podemos engañarlo. No podemos estar con Él solo por ciertas cosas que necesitamos o por buenas intenciones, si no vienen de Él.

La prueba máxima de que tú lo amas es el sometimiento total. Tu renuncia completa a tu persona, sueños o deseos, muriendo con Él para que viva en ti porque se lo merece.


Cuando la Iglesia de Hechos entendió lo que significaba tener a Cristo en uno, escogieron varones llenos del Espíritu Santo para servir mesas de viudas. Ese fue el requisito para servir mesas.

Si hoy se tuviese que hacer esa elección, ¿seríamos aptos para servir una mesa?


No podemos seguir diluyendo el evangelio y viviendo para nuestro gozo y deseo. Necesitamos despertar y obedecer con pasión, porque Él se lo merece.

Mostrar la autoridad de Cristo es la identidad de todo cristiano verdadero. Si no tenemos el poder de Dios, nos van a arrasar.

Lo único que puede contrarrestar la maldad de hoy es un avivamiento, esa es nuestra salvación. Como Iglesia, fuimos llamados a liderar un avivamiento.


Debemos prepararnos para servirle, y ya en la prédica anterior se nos dijo: “Vengo pronto”.


Cada uno fue llamado por Dios a esta Iglesia, la cual es llamada a liderar este avivamiento, y si no estamos preparados, quedaremos fuera.
Es un trabajo que debemos hacer con el Señor, es tiempo que le dedicamos: trabajar, dedicar, orar.


Podemos entrar a Su Lugar Santísimo, es un regalo precioso que nos da si primero comemos su carne y bebemos su sangre.
Así como fue capaz de transformar agua en vino, cuando comes el pan y bebes el vino, es su cuerpo y su sangre. Es un acto sobrenatural que nos da para hacernos suyos. Morir con Él en mis sueños, gozo y deseo. Él se lo merece.

Cultivar la relación con el Espíritu Santo para que cada día nos transforme a Cristo y tú puedas ser una luz que transforme al mundo.
Es tan simple como empezar a hacerlo, Él está ahí con cada uno de nosotros.