El Vivir es Jesucristo

El Señor está revelando cómo Dios actúa por medio de las prédicas; está formando discípulos para obrar y entregar. No podemos seguir ensimismados en nuestros propios sentimientos, acomodando la verdad para no herir, cuando podemos estar viviendo como Cristo vivió, para entregar vida, libertad y salvación.

 

Nuestro corazón se renueva diariamente en el Espíritu y en la intimidad con Dios. Él renueva nuestro espíritu, corazón y vida. Vivimos en un mundo contrario a nuestra forma de vivir; el cuerpo sufre, pero esta relación diaria con Dios nos permite ver la gloria de Cristo manifestándose continuamente. No miremos al mundo, no creamos la gran mentira de que no podemos ser santos. Vivamos en el Reino de los cielos. Podemos traerlo a esta tierra y mostrar a otros algo que no se ve, pero que se vive: la santidad, el gozo de vivir en esa santidad y la gracia de poder hacerlo gracias a Jesús y su profundo amor.

Dejemos de creer que el Señor es solo un ayudante para vivir bien esta vida; debemos poner los ojos en el Reino de los cielos.

 

“Ya no vivo yo, Cristo vive en mí.”

Nada vale cuando Cristo no está en mí.

 

Fuimos llamados a realizar una labor profunda que cambiará el mundo, tal como Cristo lo hizo. Nuestro propósito no es darle gusto a nuestra carne, sentimientos o deseos. Nuestro propósito es la elección de la santidad, la relación libre con Dios y la salvación en la vida eterna.