En el Nuevo Pacto, Dios hizo todo lo necesario para que podamos cumplir nuestra parte y vivir una vida poderosa, siendo de Cristo y teniendo a Dios mismo en nuestro interior. El Espíritu Santo se encarga de cumplir este grandioso pacto.
Debemos eliminar de nuestras mentes la confusión entre el Antiguo y el Nuevo Pacto, entendiendo que el Antiguo es historia, escrito para mostrarnos cómo se cumplió todo lo que se dijo acerca de Cristo y de nosotros. El Nuevo Pacto, en cambio, es el presente, donde vemos cómo el Espíritu Santo actúa para que todo lo que Dios dice ahora de nosotros se cumpla, llevándonos a una vida que impacta y agrada a Dios.
La necesidad de la humildad
Cuando damos mucho fruto, mostramos al Padre viviendo en la humildad de una obediencia continua, confiando en Él, lo que produce mansedumbre. Vivimos en el Amor, que es el poder más grande de este mundo. El amor Ágape es una conexión con Dios, que nos lleva a hacer todo lo que Él nos indica a través del Espíritu Santo, permaneciendo en esa comunión.
La vida en la regeneración: un nuevo nacimiento
La regeneración ocurre cuando Dios coloca Su Espíritu Santo en un nuevo espíritu dentro de nosotros, dispuesto a obedecer. También nos da un corazón nuevo, listo para amar y vivir de acuerdo con los planes de Dios, con plena confianza y fe. Debemos creer en esta regeneración y vivir en esta nueva vida, con este nuevo corazón y espíritu que se comunican con el Espíritu Santo y nos permiten vivir los planes para los que fuimos creados.
Al vivir en este Nuevo Pacto y caminar con Dios, no tendremos opción de alejarnos, no por obligación ni como esclavos, sino porque seremos incapaces de hacerlo, debido al perdón que Dios nos ha dado por nuestros pecados pasados y al amor con el que nos trata. ¿Quién querría irse de allí? Nos mantendremos en su presencia por amor.
Cuando Jesús pagó por nuestros pecados, venció la ley de la muerte. Luego, el Espíritu Santo descendió y nos permitió vivir en esta conexión con Dios, teniendo un corazón donde están escritos Sus mandamientos. Así, con nuestra mente, podemos ejecutar lo que el corazón nos dice, es decir, aquello que Dios está obrando en nosotros.
Este es el proceso de limpieza para que podamos participar en la resurrección y la victoria de Cristo, ya que la ley de la muerte no tiene poder sobre nosotros. Sin pecado, la muerte no existe.
Acceso al lugar santísimo
Ahora tenemos la libertad de entrar en el lugar santísimo por la sangre de Jesucristo, lo que nos permite disfrutar de esa relación sobrenatural que nos otorga el poder de la santidad. Lo único que necesitas saber es que Dios te ama y que debes pasar tiempo con Él. El resto te lo enseña y manifiesta Él mismo. No hay nada que hacer por tus fuerzas, ya que el Señor obra todo en ti.
Si te resulta difícil es porque tu corazón está enfermo de terquedad; no quieres obedecer. Dios no puede actuar porque tú no lo permites. Prefieres una vida de pecado y corrupción, destruyendo tu vida y la de quienes te rodean, en lugar de una vida de amor y fruto en santidad.
Dios, por medio de una conversión, te da un corazón nuevo, un espíritu nuevo, Su Espíritu Santo, y las obras que tiene preparadas para ti. Todo es sobrenatural y te está dando entrada y libertad para acceder a este poder de Dios, anotando tu nombre en el Libro de la Vida, en santidad y buenas obras.
Si deseas tener esta oportunidad de encuentro con Cristo, si necesitas oración por alguna enfermedad, o simplemente anhelas tener una relación genuina con Él, escríbenos. Estamos dispuestos a servir a Cristo y ayudarte a acercarte a Él a través de la oración y tiempo de conversación juntos.
