Hebreos y Cristianos un solo pueblo

El Señor siempre nos ha estado hablando. Por eso es tan importante entender que Rhema es la palabra directa que te habla el Señor, mientras que Logos es la Palabra escrita en la Biblia.

 

Juan 1:1-5; 9-16

Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo son uno solo. Todo fue hecho por Él.

Necesitamos hacer todas las cosas con Él, porque Cristo debe vivir en nosotros; esto no es una opción. Todo lo que hagamos fuera de Él no tiene valor ni permanencia. En Él está la vida, la luz y la verdad. Si vivimos conforme a esto, las tinieblas no podrán vencernos.

Cristo vino y habitó entre nosotros para mostrarnos el camino trazado por Dios. Dejó Su testimonio escrito por medio de Sus apóstoles, inspirados por el Espíritu Santo a través del Logos.

 

Efesios 2:4-10

Por Él y para Él son todas las cosas, y nos da vida para que Su propósito se cumpla en nuestra existencia.

Hemos sido resucitados y hechos de nuevo. El Señor ha cambiado nuestro corazón de maldad por uno dispuesto a vivir con Dios. Nuestro espíritu ha sido transformado, listo para recibir al Espíritu Santo, quien nos habla desde nuestro corazón y envía su mensaje a nuestra mente.

Sin Él, no hacemos nada. Todo lo que sale de nuestra boca sin Él no viene del Espíritu y no tiene poder.

En Cristo Jesús encontramos la bondad de Dios, y ese es el regalo. Sin Él, seguimos siendo los mismos de antes. Cuando verdaderamente creemos, este regalo llega a nosotros por medio de la fe. En esa fe, el Espíritu Santo obra en nosotros, siendo hechura de Cristo, estando en Cristo y Cristo en nosotros.

No hay mérito humano, solo Cristo.

 

¿Cómo andamos en las buenas obras que Dios preparó de antemano?

El Espíritu Santo nos indica, minuto a minuto, qué hacer. Sin Él, no hay predicación efectiva, no hay cambio real en nosotros, no hay poder para compartir con otros.

 

¿Qué relación hay entre el pueblo hebreo y el pueblo cristiano?

Cuando aceptamos el sacrificio de Cristo, podemos entrar a Su presencia en cualquier momento:

 

“(…) porque Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”

 

Debemos anhelar Su presencia. Este anhelo lo produce el Espíritu Santo, quien nos muestra Su amor, Su obrar en nuestras vidas y nos hace partícipes de Su obra en la vida de otros. Nos enamora de Su voluntad y nos impulsa a querer y hacer Su voluntad.

 

“Dios está con nosotros, yo no me rindo. Y no me rindo porque conozco a mi Dios. Vamos a ganar.” – Juan Manuel Freire (minuto 33:23)

 

Tanto hebreos como cristianos entramos a la presencia del Padre por medio del mismo Espíritu Santo. Nuestra capacidad de santificación proviene de la obra y gracia de Cristo y del poder del Espíritu Santo manifestado en nosotros. Esto requiere una mente rendida a Su Palabra y muerta a los deseos de la carne.

El Espíritu Santo edifica a Jesucristo en nosotros. Sin Él, solo somos legalistas que viven por una palabra sin permitir que Cristo haga Su obra en nosotros. Debemos pasar tiempo con Dios y buscar desesperadamente al Espíritu Santo.

 

Mateo 7:21-23 | Mateo 17:18-21

Si practicamos nuestra fe, aunque sea tan pequeña como un grano de mostaza, nada nos será imposible. Esta pequeña fe no se mantiene igual, sino que crece como la semilla que se convierte en el árbol más grande.

Pero si no hacemos lo mínimo, si no cultivamos nuestra fe, no crecerá ni habrá frutos. No basta con tener fe, hay que practicarla y fortalecerla.

El mismo Espíritu Santo que resucitó a Cristo es el que nos resucita a nosotros.

 

Mateo 13:31-32

Aquella “habitación desocupada, barrida y ordenada” representa a la persona que ha sido limpiada y libertada, pero no se ha llenado del Espíritu Santo. Al estar vacía, se convierte en presa fácil para Satanás, quien regresa con siete espíritus peores.

La libertad que Dios nos da es para que, cuando lleguemos ante Cristo, podamos ver con gozo el plan que Él diseñó para nuestras vidas. No lleguemos vacíos ante Su presencia ni con planes incumplidos. Seamos los hijos por los que Cristo no dudó en enfrentar el sufrimiento de la cruz, viendo el fruto que daríamos.