La Iglesia sin el Espíritu Santo no existe.
Cristo significa “ungido”. Todo lo que hizo fue dirigido por el Padre y transmitido por el Espíritu Santo. Si intentamos vivir la vida cristiana sin el Espíritu Santo, confiando en nuestras propias fuerzas y deseos, inevitablemente cometeremos errores y nos desviaremos del camino. Sin Él, no podemos avanzar.
La clave: pasar tiempo con Él
Efesios 2:15-19
Hebreos y cristianos tenemos entrada al Padre por un mismo Espíritu, formando así una sola familia. Todos necesitamos un Salvador. Cuando los cristianos vivamos verdaderamente en el Espíritu Santo, aprenderemos a amar a los hebreos, entendiendo que somos un solo pueblo en Dios.
Juan 7:37-39
Jesús nos llama a dejarnos guiar por el Espíritu Santo. Si no lo hacemos, inevitablemente nos desviaremos. Al pasar tiempo con Dios, fluye en nosotros un “río de agua viva”, permitiendo que otros también reciban la bendición que hemos experimentado. Sin esta comunión, no podremos cumplir los planes de Dios para nuestras vidas.
El propósito detrás de la muerte y resurrección de Cristo es darnos acceso a la presencia del Padre. Por ello, debemos buscar su voluntad, invertir tiempo en Él, enamorarnos de su presencia y permitirle moldearnos y santificarnos.
Reflejar a Cristo en nuestra vida
Cada creyente está llamado a mostrar a Jesucristo con su vida y testimonio. Nuestra oración es para que aquellos por quienes intercedemos puedan encontrarse verdaderamente con Cristo y comprender con quién han tenido ese encuentro.
Cada uno de nosotros debe decidir a quién obedecer. Antes de conocer a Cristo, estábamos bajo la influencia de Satanás. Pero cuando tenemos un verdadero encuentro con Jesús, se nos da la opción de elegir con quién continuar nuestras vidas.
Juan 20:19-22
Jesús dijo: “Los envío como yo fui enviado” y luego sopló el Espíritu Santo sobre sus discípulos. Este es el detalle más importante para representar a Cristo y al Padre.
Juan 14:5-17
Nuestro llamado es reflejar a Jesús, quien es el camino, la verdad y la vida. Fuimos llamados a dar vida, no simplemente a vivir una mejor existencia sin compartir lo que hemos recibido.
Jesús nos encomendó a hacer sus obras y aún mayores, porque tenemos al Cristo resucitado, quien venció la muerte y tiene autoridad sobre todo. Pero esto solo ocurre cuando realmente lo creemos, pues Dios mira nuestro corazón.
Juan 6:61-65
El Señor nos guía en cada paso, mostrándonos qué hacer y cómo hacerlo. Pero la clave sigue siendo la fe: creer en Él. El Espíritu Santo conoce desde el principio quiénes realmente creen y quiénes no.
Es tan fácil creer dejando nuestras vidas, quitando el pecado y la mentira, dejando que Cristo se muestre y poder glorificar al Padre.
Cristo y el Padre son uno, y nosotros con ellos somos uno solo con Él.
