El Secreto para Activar el Poder con Dios
No hay magia en esto: se debe practicar. El Pacto es Cristo en mí y yo en Él. Debemos desaparecer para que Cristo se manifieste en cada uno de nosotros. No es fácil, porque naturalmente queremos ser vistos y reconocidos por nuestra propia bondad, pero esto no sirve. Aquí es donde el enemigo nos engaña, haciéndonos sentir que somos diferentes a los demás. Sin embargo, este Pacto no se trata de ser diferentes, sino de ser verdaderos y mostrar a Cristo con poder.
Todos tenemos derecho a este poder y a que Cristo viva en nosotros: ese es el Nuevo Pacto.
Romanos 8:3-17
Jesús condenó el pecado en la carne sin caer en él. Fue recto, santo y, por tanto, hizo todas las cosas bien. Su obra nos dejó una puerta abierta para que dejemos de actuar conforme a nuestra carne y alma, es decir, conforme a nuestra mente y nuestro cuerpo. En lugar de esto, debemos ser guiados por el Espíritu Santo, quien habita en nuestro corazón y forma a Cristo en nosotros, para que vivamos tal como Él vivió en la tierra.
Si pasas tiempo con Dios y estás en el Espíritu, pero sigues pensando según la carne, el enemigo buscará alejarte y matar tu vida espiritual. No te tentará para que seas “muy bueno” en la carne, porque sabe que esto no implica vivir en el Espíritu. Puedes aprender a ser bueno leyendo la Biblia (Logos), pero la verdadera vida está en escuchar y vivir el Rhema, la palabra viva que viene directamente de la boca de Dios. Si no experimentas el Rhema, tu esfuerzo es en vano.
El Espíritu Santo como Dios
Para vivir en el Espíritu, debemos soltar nuestro “yo”. Depender completamente del Espíritu Santo en cada situación nos lleva a pensar y actuar conforme a Dios. Es Él quien está dentro de nosotros, y a través de Su poder mostramos a Cristo. No hay nada especial en nosotros mismos, sino en la Trinidad de poder infinito que habita en nosotros.
No basta con ser “buenos”, debemos ser espirituales y verdaderos cristianos. Muchos estudian la Biblia pero no pasan tiempo con Dios para ser transformados. La Palabra escrita es la base, pero debemos avanzar en el Rhema, que nos habla y nos guía para cambiar el mundo. Ya no somos nosotros, sino Cristo quien habla y actúa a través de nosotros.
Necesitamos entrar en la profundidad de Dios, Su “cuarta dimensión”. Es un amor que no podemos conocer humanamente, solo en Su intimidad. En Su amor descubrimos Su profundidad y vivimos en ella.
Mateo 16:24-26
Tengo certeza de que soy hijo de Dios cuando dejo de ser yo para que Cristo viva en mí. La misma fuerza y herencia de Cristo se manifiestan en nosotros. “Muere a ti mismo y sígueme”.
El Verdadero Camino de la Fe
Gálatas 2:16-21
Si nuestra vida se basa solo en buenas obras sin intimidad con el Espíritu Santo, todo es en vano, porque sería un esfuerzo para nosotros mismos. Hemos muerto a la ley para vivir en Dios. Nuestro plan de vida es Cristo. Morimos al ego para vivir en la fe de Cristo, quien se entregó por nosotros porque consideró que valíamos Su sacrificio.
Cristo resucitado, todopoderoso, actúa en nosotros.
Gálatas 3:1-5
Pablo habla a una iglesia que recibió el Espíritu Santo y aprendió a escucharlo, pero por no perseverar, lo dejaron de lado y volvieron a vivir según la carne.
Gálatas 5:17-23
Morimos en la cruz con Cristo y, entonces, podemos vivir con Él. La carne y el Espíritu se oponen entre sí. No podemos producir los frutos del Espíritu por nuestras propias fuerzas; es Su obra en nosotros la que los genera y los manifiesta.
Filipenses 3:1-3
Jesús dio Su vida por nosotros y está dispuesto a amarnos de vuelta para que caminemos con Él cada día. Podemos gozarnos de las maravillas que Él hace, vivir en ellas y manifestarlas a quienes nos rodean. Pero, ¿cómo podremos hacerlo si no aprendemos a relacionarnos realmente con Dios?
“Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.” – Filipenses 3:3
Hebreos 11:1-3
Cuando Dios te dice que hagas algo, ese mandato viene con el poder del Espíritu Santo para realizar aquello por lo cual Él quiere manifestarse a través de ti.
No se trata de mostrarnos a nosotros mismos, sino de permitir que Dios haga su obra a través de nosotros.
Ya no vivas tú, deja que Cristo viva en ti.
