Ya No Vivo Yo Cristo Vive En Mí

Lo hermoso de un tiempo de adoración genuina es que Dios se hace presente, y puedes sentir Su Amor. Comprender esto nos lleva a valorar y agradecer esta maravilla: conocer el Amor de Dios y poder compartirlo con otros.

Por eso es tan importante que Cristo esté en nosotros. Cuando alguien se acerca y oras por esa persona, debe poder recibir ese amor de Dios que quebranta y transforma vidas.

¿Cómo puedo hacer que, al orar por alguien, se encuentre con Cristo y no conmigo?
“Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí.” — Gálatas 2:20

Todos debemos interceder para que al orar y ministrar, mostremos a Cristo y no a nosotros mismos.
Cuando comprendes cómo funciona, el Señor se manifiesta. Este entendimiento viene de una relación constante e íntima con Cristo.
“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” — Romanos 10:17
Estar atentos nos permite disponernos y dar frutos reales.

Aprender a escuchar a Dios significa ignorar nuestra mente, que muchas veces puede obedecer al enemigo. Dios transforma nuestra mente y corazón en un proceso continuo de santificación y entendimiento.
Debemos buscarlo diligentemente, con interés genuino, porque realmente lo necesitamos, entender y vivir esta necesidad es la que nos da la humildad e intimidad constante. Estar de Su mano porque dependo de Él.

“El que habla en lenguas, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia.” — 1 Corintios 14:2-4
Para edificar a otros, primero debemos edificarnos a nosotros mismos. Por eso es fundamental concentrarse y rendir todo el tiempo de intimidad con Dios, en Su presencia, en el Lugar Santísimo.

Cristo es la simiente, y Dios edifica a Cristo en nosotros. 

Cristo en mí, esa es mi edificación. Hacer porque el Espíritu Santo me guío, vivir y hablar porque el Espíritu Santo me guió.

“Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” — Juan 4:23-24

Si no sientes Su Amor cuando adoras, estás perdiendo tu tiempo y el Señor no te escucha. ¿Por qué? Porque el Padre busca una relación de amor genuina.

Pide al Espíritu Santo que guíe tu adoración. Ríndete por completo en ese tiempo y entrega tus fuerzas a Dios.

“Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad.” — 2 Tesalonicenses 2:13
“Tú tienes la unción del Santo, y conoces todas las cosas.” — 1 Juan 2:20

Su promesa es que si permaneces en Él hoy, tendrás una relación íntima y verdadera con Él, tanto ahora como en la vida eterna. Pero esto requiere esfuerzo, trabajo y compromiso.

Cristo trabajó con esfuerzo y compromiso por cada uno de nosotros. Murió en la cruz, sufriendo tanto física como espiritualmente para pagar por nuestros pecados. Lo hizo todo sin considerar el dolor, porque vio el fruto que daría en nuestras vidas.

Un verdadero pastor o creyente que tiene a Cristo, al orar por ti, mostrará a Cristo. Podrás escucharlo, encontrarte con Él y ser transformado.

Si en una iglesia está el Señor, el pastor mostrará a Cristo, no sus propias palabras, sino a Cristo mismo.

Sabemos si alguien es verdadero cuando tiene a Cristo en él:
“Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.” — Colosenses 1:27

Lo más importante es asegurarte de que Cristo esté en ti. Las maravillas, la obra poderosa y transformadora las hace Dios.
Ocúpate de estar atento a Su voz, de ser usado por Él. Que se manifieste en ti la edificación, exhortación y consuelo que Dios ofrece y con lo cual actúa poderosamente.

“Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante.” — Filipenses 3:13
Cuando Jesús dijo “Síganme”, los apóstoles dejaron todo y vivieron con Él. No se trata de encontrar métodos o ideas para seguir a Cristo, sino de vivir completamente en Él.

El supremo llamamiento para cada uno de nosotros es hoy:
Morir a nuestros deseos tal como Cristo renunció a ser Dios, vino a la tierra y murió en la cruz.
Después de morir, resucitó con más poder que antes, habiendo vencido a Satanás. Esa victoria está en cada uno de nosotros, en el compromiso y santificación, comprendiendo que Cristo está en nosotros y viviéndolo cada día.

Que si Cristo viene hoy, puedas correr a Sus brazos y no huir de Él.
Vive una vida llena del Espíritu Santo para caminar en el camino que Dios ha trazado para ti. Él habla día a día, y nuestro llamado es ser una representación auténtica de Dios.

El Señor viene a darnos una vida abundante.