Viviendo en la paz del amor que excede todo conocimiento

Existe una paz que sobrepasa todo entendimiento, una paz que solo podemos conocer cuando el Señor mismo nos la enseña.

Efesios 3:14-20

Al tomar el apellido del Padre, Su Espíritu coloca Su poder para que Dios habite en nuestros corazones. Su amor nos da vida y fe.
La fe, el poder en nosotros, y la vida misma están cimentados en la dependencia al Padre. Por esto, Cristo vive en nosotros.

En Cristo vivimos un amor de cuatro dimensiones: Anchura, longitud, profundidad y altura. Este es el motivo por el cual no podemos comprenderlo o vivirlo si no estamos en la cuarta dimensión, lo vivimos, entendemos y aprendemos en Su lugar celestial, la profundidad que da Su cuarta dimensión.

Desde ahí, nuestra voz tiene poder. El poder de Dios.

“Donde yo me concentro, donde yo coloco mis pensamientos, ahí el Señor está.
Hay una tremenda trampa que nos coloca el enemigo: La IA.
Nos hace verdaderos robots, sin creatividad. Idiotizados y con una Iglesia cada vez con menos poder.”

Cristo vino en una época sin tecnología y, aún así, dejó un legado precioso, una creación valiosa.
Dios dentro de nosotros es nuestra creatividad.

Vive tus etapas y madura, sin perderte en drogas, sexo, pornografía, como sucede hoy día.
Cuidemos el corazón de nuestros niños.

Aprender a perseverar en esta práctica, entrar y pasar tiempo con Dios, nos permite ver y vivir la plenitud de Dios.
Si no tienes el poder de Dios, no eres verdaderamente cristiano.

Filipenses 4:4-13

Sentirse tan amado por un Dios tan bueno, incluso en aquellos días no tan buenos, recuerda esto y regocíjate.
Cuando Pablo escribió estas palabras a los filipenses mientras estaba en la cárcel, a punto de ser condenado.
No importa tu estado ni dónde te encuentres, vive Su paz que sobrepasa toda circunstancia.

La paz ocurre en Su lugar santísimo. Por lo tanto, puedes estar en la cárcel, enfermo o en cualquier situación, pero aún así vivir en esa paz, en una cuarta dimensión que no depende de condiciones o circunstancias, sino de Su presencia.

Esta paz que tú no entiendes guarda tu corazón y tus pensamientos. Cristo está en ti.
Pero si no usas esa entrada, ¿dónde está Dios? ¿Cómo sentirá tu corazón ese amor?

“… En lo único que tú no puedes mandar es en mi mente, ya que en ella manda el Señor …” Juan Manuel Freire

Es muy importante que Dios reine en tu mente, para que no seas manipulable, para que nadie controle tu forma de pensar y así puedas ser realmente libre.
Una paz que no depende de nuestras circunstancias ni de nuestra comprensión.

Entra a ese lugar y mantente en él constantemente.
Muestra el poder de Dios; esto no es sólo palabra, sino poder. El Reino de Dios es el poder de Dios.

Hebreos 10:17-24

“Déjate de vivir en tu amargura por un pecado que yo ya perdoné.”

La obra de Cristo fue romper el velo, eliminar lo que nos impedía entrar a Su cuarta dimensión: el poder de Dios mismo.

Haz todo de tu parte, sin dejar nada a medias. Mientras quede un año de vida, el Señor está ahí, y esa persona puede volver a vivir bien.

Vivimos la posibilidad de salir de la condena que merecemos y ofrecer esa salida a muchos otros.
Que Cristo viva en nosotros, ser transfigurado por Su Espíritu y vivir de acuerdo a Sus planes.

Nos regala la entrada a Su poder, en Su Reino, arriba en el cielo. Este es el gran regalo que Cristo nos dio por Su sangre: la entrada a estar con Él y vivir con Él.

“Todos acá llegaron sin servir para nada. Hoy todos sirven para mucho, pero no están usando todo lo que aprendieron.”

 Juan Manuel Freire

Efesios 2:4-10

No puedes vivir a Cristo con poco esfuerzo. Y tu esfuerzo consiste en pasar tiempo con el Señor, entrar y usar este regalo de tiempo.
No basta con ver una prédica, leer libros o estudios bíblicos. Debemos perseverar en escucharlo en Su intimidad.
Él nos pide ese tiempo, y al escucharle y obedecer, el poder actúa. Ahí hay fe, tiempo, amor y acción.

Es La fe, no tu fe. La fe de Cristo.
Cristo nunca dudó porque cuidaba la intimidad con el Padre. En esa intimidad, en ese oír, es donde vivía.

Todo este sistema íntimo, lleno de tiempo y amor, ha sido creado para buenas obras.
Toda buena obra, todo trabajo, Dios lo tiene preparado de antemano. No es obra tuya. No hay jactancia, sino humildad. Hacer por Él y darle la gloria a Él.
El poder es un regalo de Dios y nos hace partícipes de esta maravilla.

Solo eres alguien que entendió un poco más y que es obediente para hacer esas obras que Dios te regala.

Santiago 4:3-10

Dios, siendo Dios, espera a que tú te acerques primero.
No tienes por qué esperar a estar en problemas o desesperación, porque tienes la libertad de acercarse en todo tiempo para estar bien, sin importar la circunstancia.

“Son como las olas del mar” y Dios me ha hablado sobre no distraernos viendo de qué están hechas las olas, sino fijarnos en Él, oyendo cómo debemos caminar para llegar a Sus brazos.

Humillaos delante del Señor.
Él te hace partícipe de toda Su gran obra simplemente porque te ama.
Él siempre te coloca primero, ya que entrar a Su lugar santísimo es parte del amor de Dios.