Cuando uno se entrega al Señor de la manera correcta, Él te llama y te usa.
Hoy hablaremos sobre el discernimiento: aprender a escuchar a Dios, lo que nos permite tener una relación correcta con Él.
Entendamos el privilegio de tener al Espíritu Santo y aprendamos a tomarlo en cuenta, reconociendo Su mover.
Santiago 1:5-8
Fuimos hechos a Su imagen y semejanza. Nuestro espíritu fue creado para unirse al Espíritu Santo y vivir en comunión con Él.
El poder de Dios se manifiesta donde no lo vemos, en aquello que es eterno.
Debemos ser constantes en la vida que Dios quiere para nosotros, sin soltarnos de aquello que el Espíritu Santo nos va revelando.
Salmo 27:3-6
Dios anhela vernos felices, disfrutando tiempo con Él.
Felices después de haber pasado por pruebas, tomados de Su mano, libres de toda maldición, por haber sido sabios, haber escuchado y haber permanecido en Su libertad y salvación.
Santiago 4:3-7
Él nos llamó para mostrarlo: Su amor, Su bondad, Sus maravillas.
“Busquen primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás les será añadido.”
Debemos resistir al diablo, especialmente en la tentación de buscar más dinero, más éxito… Situaciones que pueden parecer razonables desde nuestro punto de vista, pero que, ante Dios, no necesitamos, porque son simplemente añadiduras. A veces renunciamos a la vida eterna por una añadidura, cuando podríamos vivir en santidad, confiando en que esas cosas vendrán por añadidura.
Esto es así porque el amor verdadero no nace de la conveniencia. Cuando amas sin interés, nada puede desviarte, y Dios te regala la obediencia.
Somos felices sin necesitar la añadidura para serlo.
Juan 14:15-23
Vivir con Dios es estar a salvo de nuestra propia maldad.
Todos somos llamados a la santidad; la Biblia fue escrita para los santos.
Dios se siente amado cuando cumplimos Su Palabra: el Logos, pero sobre todo el Rhema, pues para ambos necesitamos escuchar y actuar en fe, incluso cuando no vemos.
Mateo 16:1-4
Juan 15:5
Sin el Espíritu Santo, no podemos hacer nada. Pero de Su mano, damos mucho fruto.
Él entra en nosotros y comienza a producir Sus frutos.
El conformismo espiritual es uno de los mayores males del cristiano.
Falta aprendizaje sobre el arte de oír a Dios, y sobre la búsqueda sincera de la santidad.
La constancia y la perseverancia en la búsqueda, en la relación con Dios, en el aprender a escuchar y vivir de Su mano, son esenciales.
No basta con saberse la Biblia de memoria (aunque es bueno hacerlo), si no hay un ejercicio constante de escuchar a Dios directamente.
En nuestras fuerzas no podemos; es algo sobrenatural.
Hebreos 5:14
“El alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por la práctica tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.”
Debemos ser vasos rendidos para que Dios los llene.
Al ejercitar nuestro sentido espiritual del oído, maduramos y aprendemos.
Dios habla (Rhema) y da sentido al Logos (la Palabra escrita).
Apocalipsis 3:15-22
No debemos sentirnos listos; siempre necesitamos más de Dios. Siempre hay más santidad por alcanzar.
Dios es infinito, y no hay peor engaño que creer que ya lo tenemos todo.
Busquemos Su intimidad, Su Templo. Busquemos Su Palabra y la vista espiritual para poder verlo y estar con Él.
Intimidad, amor. Estar listos para el avivamiento que viene. Ya ha sido declarado por Dios, y nosotros debemos estar preparados para recibirlo, orar y mostrar a Jesucristo al mundo.
No cenas con cualquier persona…
La relación íntima con Dios es nuestra verdadera victoria. ¿Por qué entonces no la disfrutamos?
Las puertas ya están abiertas. La victoria está servida.
¿Qué estamos haciendo con ello?
Vivamos de acuerdo al discernimiento que Dios nos ha dado.
2 Corintios 4:18
Vivamos enfocados en lo que no se ve.
Ahí está el secreto: donde comienza el discernimiento y el amor.
Y entonces, comenzamos a ver más… porque lo creemos.
Juan 9:39-41
“Te vas a ir al infierno por no discernir con quién estás hablando.”
Conocer el propósito de tu vida es dejar de huir de Dios.
Puedes disfrutar la vida, pero pon primero a Dios.
Pasa tiempo con Él, entra a lo secreto y mírate a ti mismo como ese vaso humilde que Dios podrá llenar.
