La Fe Inquebrantable

Ser agradecidos

Para ser agradecidos debemos recordar siempre que todo lo que tenemos, y sobre todo lo que hacemos bien, viene de Dios y no de nuestras propias capacidades.
Con esto en mente, vivamos agradecidos y disfrutemos de la felicidad que produce un corazón que reconoce a su Señor.

Una fe inquebrantable

Nosotros vamos a conversar y conocerlo, no a decirle lo que Él debe hacer por nosotros. Él creó la obra y preparó de antemano los trabajos para cada uno.
Cada día debemos preguntarle, pedirle que nos muestre lo que Él sabe y ve. Porque Él lo sabe todo.

Morir a nuestros deseos para vivir en la eternidad es lo verdaderamente importante.
A veces, tener una fe verdadera e inquebrantable es doloroso y difícil, pero no olvidemos que vivimos en un propósito eterno.

La certeza de la fe

Hebreos 11:1
Todo lo que el Señor te diga, espéralo con certeza, sin dudas.
La fe no se basa en lo que se toca; no necesita ver para creer y obedecer.
No exige explicación ni garantías.

Aceptar la voluntad de Dios, aunque a veces sea dolorosa y traiga sufrimiento, siempre es lo mejor para ti.

Las nuevas generaciones quieren sentir para obedecer, ver para creer, recibir milagros instantáneos.
No hay tiempo para esperar, se busca tener cuentas pagadas y momentos hermosos.
Pero Hebreos 11 fue escrito para personas de fe real.

Decir “sí” a Dios

Significa obedecer un propósito o un plan que aún no conoces.
Es perseverar con la certeza de que Jesucristo se manifestará en ti.

La fe no es un deseo condicionado, la fe va mucho más allá.

Abraham estuvo dispuesto a entregar a Isaac, su hijo único y esperado, porque confiaba en Dios, el autor de la promesa.

Agradar a Dios

Hebreos 11:2
El secreto de Abel y Enoc fue agradar a Dios.
Cuando dejas el control en sus manos, usas el regalo más precioso: el Espíritu Santo.

Cristo dio su vida para entregárnoslo.
El Espíritu es Dios, igual que el Padre y el Hijo.

Este es el regalo que nos dio Cristo: vivir con el Espíritu Santo y tomarlo en cuenta en todo.

La promesa eterna

Muchos murieron esperando la promesa, confiados en que recibirían un mundo mucho mejor: una patria y una nueva nacionalidad. Eso es el Reino de los cielos, al cual podemos entrar ahora, estando vivos.

Abraham entendía que la promesa estaba segura. Por eso no discutió y fue a ofrecer el sacrificio. Sin saberlo, estaba mostrando un paralelo con la promesa que hoy está disponible para nosotros: entrar, saborear y tener contacto directo con Su Reino, con Él.

Vivir con los ojos en la eternidad

Tener siempre puesta la mirada en la vida eterna.
Vivir experiencias reales con Dios, escucharlo, sentirlo en la oración mutua entre Él y tú.
Ahí lo encuentras.
Tenemos pruebas de que Dios existe y lo hemos visto obrar.

Por eso debemos crecer y llevar esperanza a otros, mostrando el propósito por el cual Dios nos trajo a esta Iglesia.

Perseverar en la fe

Pase lo que pase, no pierdas la fe.
Y lleva contigo a la mayor cantidad de personas posible.