Una prédica densa, dada por Dios
Dios ha entregado una palabra profunda para que todo aquel que llegue pueda ser parte del avivamiento anunciado.
Es importante tomar esto con calma, pero también con seriedad. Esta es la verdadera manera de vivir el evangelio en santidad.
Isaías 59:20-21
Tenemos una gran responsabilidad como padres: entregar bendición a nuestros hijos, para que ellos también bendigan a sus hijos, generación tras generación.
Si haces bien las cosas, la bendición permanece.
Mateo 23:23-28
Muchos viven como fariseos, sin siquiera sentirse fariseos.
Cristo nos llama a limpiar primero aquello que nadie más ve, esos pecados ocultos que nos pudren por dentro.
Debemos buscar ser consecuentes: lo de adentro debe reflejarse en lo de afuera.
Sin intimidad diaria con Cristo, no hay posibilidad de un verdadero avivamiento.
Dios no participa de nuestra hipocresía.
Hebreos 12:12-14
“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.”
Si no tienes intimidad y no te sometes al Espíritu Santo, Dios no escucha tu adoración.
Un corazón limpio abre el canal para que fluya el poder del Espíritu.
Una pista despejada donde Él puede moverse sin obstáculos.
Un solo creyente con manos limpias puede hacer temblar el infierno entero.
1 Pedro 1:15-19
Dios no te rescata solo de una vida de pecado, sino también de una vida vana.
Una vida vana es aquella sin frutos.
Por eso, tu santidad debe producir fruto. De lo contrario, solo estarás viviendo “un poco mejor”, pero sin el poder de Cristo.
La santidad es hacer las cosas bien para dar fruto, lo que Cristo espera de nosotros.
El pecado mata el poder del Espíritu Santo y nos lleva a un evangelio diluido, sin poder, como el de los fariseos.
1 Tesalonicenses 5:19
“… No apaguéis al Espíritu…”
2 Tesalonicenses 2:13
La santidad trae el poder de Dios.
Él mismo nos da la capacidad para ser santos.
No apagues al Espíritu con el pecado.
Una intimidad diaria
La santidad se renueva cada día.
Debemos dejar lo que contamina y abrazar lo que agrada a Dios.
Lo que importa no es lo que los demás piensen de ti, sino lo que Dios piensa y la relación que tienes con Él.
Romanos 8:13-14
Romanos 12:1-2
Somos transfigurados cuando tenemos la mente de Cristo.
Él quiere guiarnos y hablarnos diariamente, minuto a minuto.
No podemos vivir a medias: es una entrega total.
Cuando te dejas guiar por el Espíritu Santo, disfrutas la buena voluntad de Dios, que es siempre buena, agradable y perfecta.
Romanos 14:17
“Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.”
El Señor es tan bueno que merece todo lo que podamos entregarle y mucho más.
Lamentamos los años perdidos por nuestra soberbia, pero no nos rendiremos.
Por eso, no seamos condescendientes con nosotros mismos: llevemos un avivamiento como corresponde.
Nunca hagamos lo que no agrada a Dios.
Mostremos a Cristo, porque Él te ama y sabe cuando estás haciendo las cosas bien, abriendo un canal limpio para que Su gloria se manifieste.
