Obediencia, una virtud perdida

La obediencia, una virtud perdida

El enemigo ha trabajado para que nuestros niños sean usados en cosas perdidas. Hoy en día la obediencia parece una virtud olvidada.
Desde pequeños, en lugar de enseñarles a obedecer, hemos cedido a cada demanda y nos hemos vuelto esclavos de ellos. Allí comienza la raíz de la maldad.

Por eso cuesta tanto tener una Iglesia firme: la mayoría se ha adaptado a la desobediencia, y pocos exigen la santidad. Hemos justificado la rebeldía, quitando todo prestigio al ser obediente.


Una generación privilegiada, pero sin obediencia

Hechos 2:16-21 nos recuerda que somos una generación privilegiada: tenemos acceso directo al Espíritu Santo.
Sin embargo, también somos una de las peores generaciones, sin deseos de obedecer, acomodados a nosotros mismos.

Jesús dijo en Juan 14:26-27 que el Espíritu trae paz al corazón de quien vive en obediencia.
El enemigo huye cuando somos obedientes. Pero cuando no escuchamos al Espíritu Santo, nos volvemos vagos espiritualmente (Hebreos 5:7-8).


El llamado a someterse a Dios

Santiago 4:5-10 nos muestra el camino:

  • Sométete a Dios.

  • Resiste al diablo.

  • Y él huirá de ti.

De allí nace una vida de frutos. Un corazón obediente escucha al Espíritu y da lo mismo a otros.

La obediencia en la Biblia es la palabra griega hupakoē, que significa:
respuesta activa de fe y sumisión a la voluntad de Dios.

De un corazón que escucha, entiende y se entrega surge la transformación, la paz y la bendición.


El peligro del dinero y de la apariencia religiosa

Mateo 6:24 y 1 Timoteo 6:10 nos enseñan que el dinero es uno de los mayores tropiezos para un cristiano.
Dios puede bendecir con dinero, pero Su prioridad es nuestra alma y nuestra salvación.

Muchos viven en un teatro religioso: hablan distinto, aparentan santidad, pero viven en desobediencia. Jesús los habría llamado sepulcros blanqueados (Mateo 7:21-23).

Predican del Reino sin tener relación con el Rey.


volver a la obediencia

La obediencia es vivir lo que el Espíritu Santo nos habla, aun cuando implique renunciar a todo.
Cristo mismo aprendió obediencia por lo que padeció (Hebreos 5:8).

Seamos luz y sal.
Volvamos a valorar la obediencia.
Que cada uno haga lo que debe hacer, tal como Cristo lo hizo.