Vivir en Santidad en Medio de un Mundo de Mentiras

Hoy estamos en el peor momento para vivir una vida santa. La mentira reina en todas partes. Algunos se creen árboles, otros perros; hombres que dicen ser mujeres, mujeres que dicen ser hombres… Todo es confusión.
¿Por qué? Porque hemos abandonado la Verdad: Cristo. Al quitar a Cristo de en medio, todo se vuelve mentira.

La perversión comienza desde la infancia, a través de la educación actual. Crecemos en un sistema que busca sacar a Dios del centro, y el resultado es vacío espiritual.


Un corazón vacío siempre será ocupado

Jesús lo advirtió:


“Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.”
(Mateo 12:43-45)


Si no llenamos nuestra vida con el Espíritu Santo, quedamos expuestos, vacíos y vulnerables a los ataques espirituales.


¿Qué necesitamos?

Una relación real con el Espíritu Santo. Él es quien nos llena y nos da vida. Sin Él, estamos destinados a la derrota.

  • Obediencia: dejar que el Espíritu Santo nos guíe.

  • Hambre y sed de justicia: buscar constantemente al Espíritu.

  • Unidad: permanecer en un mismo Espíritu.

  • Dar fruto: porque no dar fruto es desobediencia.

La obediencia cuesta

El apóstol Pablo nos recuerda:


“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.”
(Efesios 5:15-16)


Obedecer a Dios nunca será fácil. El enemigo trabaja para que nos cueste amar a Dios. Pero el Espíritu Santo nos da fuerza para cantar, alabar y dar gracias en medio de todo (Efesios 5:19-20).

Judas también lo dice claramente:


“Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.”
(Judas 1:20-21)


Jesucristo mismo oró, lloró y se esforzó para vivir en obediencia y santidad.


Una sociedad sin Dios es una sociedad invadida

Cuando se expulsa al Espíritu Santo, la casa no queda vacía: queda abierta a los demonios. Por eso vemos cómo los sistemas que rechazan a Dios (comunismo, ateísmo, nazismo, fascismo, y todo “ismo” que promueve la ausencia de Dios) terminan esclavizando al hombre.

La llamada “guerra cultural” es, en realidad, una guerra espiritual. Es la imposición de la mentira sobre la verdad.


¿Cuál es la esperanza?

Jesucristo es la Verdad. Él vino a librarnos de los demonios, del pecado y de la mentira. Donde está Dios, ahí hay verdad. Cuando Lo quitamos, todo se vuelve relativo.

La Biblia nos advierte:


“¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!”
(Isaías 5:20)

Y también:

“Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies.”
(Romanos 16:20)


No se trata de religiosidad, sino de una verdadera relación con el Espíritu Santo. Si queremos vivir en santidad en medio de este mundo de mentiras, debemos buscar a Cristo cada día, obedecer Su voz y llenarnos de Su Espíritu. Solo así podremos permanecer en la verdad y vencer la oscuridad.