No podemos vivir culpando al enemigo por todo lo que nos sucede.
Debemos ocuparnos de observar y entender nuestra propia vida, reconociendo aquello que no corresponde a la voluntad de Dios.
Si no nos miramos al espejo y dejamos que Dios nos limpie, no podremos avanzar.
1 Corintios 2:6-10
“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,
ni han subido en corazón de hombre,
son las que Dios ha preparado para los que le aman.”
— 1 Corintios 2:9
Estas cosas solo tú puedes comprender, porque te son reveladas personalmente por el Espíritu de Dios.
El ejército de Dios
Jueces 7:1-8
Cuando Dios forma Su ejército, lo hace pequeño, para que Su Gloria y Su Poder sean manifiestos.
No temamos al enemigo.
Somos amantes verdaderos de Cristo y no asalariados que huyen ante el peligro.
Obramos según la guía y la fuerza del Espíritu Santo.
Sanidad y libertad
Lucas 13:10-17
Jesús sanó a una mujer, y ella glorificó a Dios.
Así también nosotros debemos ser parte de esos 300 que el Señor escogió, dispuestos a servir con fe y obediencia.
Predicar lo puede hacer cualquiera,
pero en muchas iglesias la gente sigue sufriendo con sus demonios.
Echar fuera los demonios requiere intimidad con el Espíritu Santo,
su poder manifestándose en ti, y tu disposición a hacer tu parte:
dar libertad a las personas.
