El Espíritu Santo: una primicia del Reino
El Espíritu Santo es un pedazo del cielo con nosotros, una primicia, un regalo que Dios nos da como Iglesia.
Hay un premio que muchas veces se ha olvidado: cuando Jesús se fue, nos dejó al Espíritu Santo, quien nos permite entrar al Reino de los cielos.
Si no lo visitas, si no lo usas, no tendrás el Poder de Dios.
Debemos vivir en Él para ser como Cristo fue, viviendo y haciendo las maravillas del Espíritu.
Lucas 10:5–12, 17–20
Cuando hacemos las cosas bien, somos conocidos en el cielo, y ese es nuestro mayor gozo.
Si somos conocidos en el cielo, también lo somos en el infierno, y los demonios nos temen.
Marcos 5:1–20
Marcos 16:17–19
“Y estas señales seguirán a los que creen:
En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.”
— Marcos 16:17–18
Hechos 19:11–16
Aquí se muestra la importancia de ser conocido en el Reino de los Cielos.
Efesios 1:3
Debemos entrar al lugar celestial y, desde ese lugar de poder, orar por otros.
Si eres partícipe de Su muerte, también lo eres de Su resurrección.
1 Pedro 1:3–5
Tenemos una esperanza viva, que no se corrompe, no se marchita y no se destruye.
Efesios 1:11–14
Dios no se muestra a cualquiera.
Podemos participar de Su Reino y tenemos pruebas de que existe.
Hebreos 10:19–32
Aun estando aquí en la tierra, tenemos acceso al cielo.
Cuando ven que vas, que eres constante y haces todo aquello que te dice el Espíritu Santo, te conocen como hijo, tal como a Cristo.
Colosenses 3:1–4
El verdadero poder, la gracia y la manifestación se centran en el conocimiento.
Ir y pasar tiempo con Dios, aprender a oír al Espíritu Santo y actuar según Su voluntad, poniendo los ojos en las cosas del Reino y muriendo a las de esta tierra.
Entonces comienzas a manifestar el fruto y el poder de ese tiempo, de esa constancia en una relación real con Dios.
