La principal tarea del Espíritu Santo es formar a Cristo para glorificarlo a Él. El problema de la mayoría de los cristianos hoy es que se vuelve mejor persona y lo dramático de esto es que es un cambio realizado en sus propias fuerzas. Entonces, tenemos personas buenas que no manifiestan el poder del Espíritu Santo y Cristo no vive en ellos.
El Espíritu Santo hace su obra en hombres que han muerto al 100% a ellos mismos. Seguimos siendo carne y Cristo no se manifiesta en la carne, sino en el Espíritu.
Debemos despojarnos de toda nuestra mejoría, de todos nuestros avances y dejar que el Espíritu Santo haga la obra completa de formar a Cristo a cada uno de nosotros.
Es el poder de Dios el que trae el Reino de los cielos a esta tierra, entonces, podemos traer esta verdadera transformación a otros.
Es un detalle fundamental que Dios no tranza. No levantarte a ti mismo o creerte especial o mejor que otros. La única diferencia entre nosotros y los demás, es Cristo. Entonces, si no dejamos de vivir nosotros, renunciamos a nuestra mente y Cristo viva en nosotros, la realidad, es que no somos mejores que antes, somos lo mismo con un mal disfraz encima.
Nosotros esperamos que nos den dones, los perseguimos, pero necesitamos a Cristo, ya que en Él está todo. El don del Espíritu Santo hace que tengamos a Cristo, y Él contiene todo.
