Como Vivir La Palabra y Conocer a Dios

Como humanos, reconocemos nuestras imperfecciones y tendemos a justificarnos con ellas. Al hacerlo, disminuimos la importancia del evangelio, lo relativizamos y lo acomodamos a nuestra propia visión de la humanidad. El problema radica en que no tomamos en cuenta la inmensa obra del Espíritu Santo, una obra tremenda en la que debemos creer plenamente.


Un discípulo es aquel que se deja enseñar; la disciplina, derivada de la palabra discípulo, se refiere al orden necesario para poder aprender. Debemos aprender a relacionarnos con Dios, a orar y a ver todo lo que Él nos enseñó y mostró a través de Jesús.


Jesús vino como hombre para mostrarnos todo lo que podríamos hacer y aún más. El Señor dice que somos limpiados de todas nuestras inmundicias y de todos nuestros ídolos, todo aquello que colocábamos por encima del Señor, para que Dios llegue a ser nuestro más grande amor.


Es entonces cuando nos da un nuevo corazón y un nuevo espíritu, quitando el corazón de piedra. Nos da un corazón dispuesto al Señor, junto con un nuevo espíritu, y coloca el Espíritu Santo en nuestro corazón. Así, el Espíritu Santo habla al nuevo espíritu, este a nuestro corazón, y luego a nuestra mente.


Nuestra mente cambia, es transfigurada por la obra de Cristo.


Te invitamos a recorrer junto a nosotros esta obra completa que realiza en cada uno de nosotros. La única condición: cree plenamente y vívelo.