En Dios aprendes a amar sin condiciones, simplemente pasando tiempo con Él y viviendo en humildad.
Tu santidad es tu relación con Dios, algo que construyes en secreto, a solas con Él. Ahí está el amor, ahí ocurre el crecimiento. Búscalo, háblale, porque Él te responderá.
Debes retirarte de ti mismo, no hay mérito en ti.
El Espíritu Santo es quien forma a Cristo en ti y te santifica.
Romanos 8:3-14
En la carne es imposible agradar a Dios, y si no mueres a tu carne, morirás para siempre. Pero si mueres a tu carne y te ocupas de las cosas del Espíritu, recibirás vida y paz.
La paz de Dios llega cuando el Espíritu habita en ti, guiándote en rectitud y santidad.
Solo en la intimidad con Dios Su poder comienza a manifestarse en ti.
Satanás ya fue vencido y, como parte de la herencia en Cristo, él no puede hacer nada contra nosotros.
Es un tremendo privilegio morir a nuestros deseos y sueños para vivir en aquello que Dios ha planeado para nosotros: algo tan alto y tan inimaginable que supera nuestra comprensión.
Cada problema en el camino es parte del trabajo de Dios en ti. Pero debes vivir en mansedumbre, permitiendo que el Espíritu te purifique hasta que reflejes a Cristo.
Déjate llevar, entra en Su presencia y permite que el Espíritu te revele qué es lo que realmente quieres y qué debes hacer para caminar en Su propósito.
1 Juan 4:13-16
Cristo compró nuestra vida, y no hay precio humano que pueda igualarlo. Él murió y sufrió la cruz para redimirnos, con el propósito de darnos la libertad de ser santos.
Él nos da Su paz, pero no como la da el mundo. Cuando tenemos a Cristo, las circunstancias dejan de ser lo más importante, porque vemos Su poder obrando y moviéndose a nuestro favor.
Si enfrentamos problemas, debemos disponernos a dejar que Dios obre en nosotros y nos haga crecer.
No hay campo donde el enemigo pueda actuar cuando estamos en Cristo.
Efesios 2:8-10
Aprovecha el tiempo.
El infierno existe, y Cristo descendió a él para pagar por nuestro pecado y darnos la oportunidad de salvación. Hoy, en gratitud, debemos tomar la santidad con seriedad.
Fuimos creados a Su imagen y semejanza para realizar las obras que Dios ha preparado para que caminemos en ellas.
Gálatas 3:6-14
Vivimos por fe, no por cumplir la ley, porque nadie, en sus propias fuerzas, es capaz de cumplirla.
Debido al pecado, estábamos bajo maldición según la ley, pero Cristo murió en maldición para pagar nuestra condena. Así, tenemos salvación.
Cuando creo que ese sacrificio fue por mí, Dios ve mi corazón y sabe si mi fe es genuina. No podemos engañarlo.
Es por la fe que recibimos al Espíritu Santo.
Santiago 2:10-11
Filipenses 2:1-11
Nunca te creas superior a los demás. Siempre háblales con respeto y humildad.
Ser humildes es esencial.
Preocupémonos por los demás.
Debemos tener el mismo sentir que tuvo Jesucristo. Siendo Dios, se despojó de todo para venir a salvarnos.
No solo se hizo hombre, sino que, por amor a nosotros, se humilló hasta la muerte de cruz
