El amor de Dios es especial, el mayor poder conocido, y la mayoría de las personas ni siquiera sabe que existe, ya que no lo han experimentado.
Cuando actuamos conforme al Espíritu Santo y a la voluntad de Dios, entendemos que somos alma, cuerpo y espíritu. Dios mismo habita en nuestro espíritu y transmite a nuestro corazón lo que Él desea que hagamos, incluyendo el fruto del Espíritu Santo.
Al tener al Espíritu Santo, lo tomamos en cuenta y actuamos conforme a lo que Dios nos revela, por el poder del Espíritu. Así, somos libres de todo pecado y podemos vivir haciendo el bien.
“… para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” (Romanos 8:4)
Dios envió a Jesucristo, su Hijo, para mostrarnos ese amor, y para que fuera nuestro ejemplo de cómo vivir conforme al Espíritu Santo en nosotros. Ser cristiano es vivir la vida de Cristo, lo que significa tener al Espíritu Santo morando dentro de uno.
Dios pudo resucitar a Cristo porque “la paga del pecado es la muerte”. Cristo nunca pecó, por lo que la muerte no tenía poder sobre Él, y así fue resucitado. No había muerte para Él. Cuando recibimos Su sacrificio, recibimos ese mismo regalo: una vida libre de pecado que vence a la muerte. Tenemos Vida para dar Vida y el entendimiento de que somos hijos de Dios.
Carta de Albert Einstein a su hija
Te pido, aún así, que la custodies todo el tiempo que sea necesario, años, décadas, hasta que la sociedad haya avanzado lo suficiente para acoger lo que te explico a continuación.
Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido indentificado por nosotros. Esta fuerza universal es el amor.
Cuando los científicos buscaban una teoría unificada del universo olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas. El amor es luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere. El amor es Dios y Dios es amor.
Esta fuerza lo explica todo y da sentido en mayúsculas a la vida. Esta es la variable que hemos obviado durante demasiado tiempo, tal vez porque el amor nos da miedo, ya que es la única energía del universo que el ser humano no ha aprendido a manejar a su antojo.
Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de las otras fuerzas del universo, que se han vuelto contra nosotros, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía. Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser sintiese que en él habita, el amor es la única y la última respuesta.
Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta. Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada.
Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl, comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede, porque el amor es la quinta esencia de la vida.
Lamento profundamente no haberte sabido expresar lo que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida. Tal vez sea demasiado tarde para pedir perdón, pero como el tiempo es relativo, necesito decirte que te quiero y que gracias a ti he llegado a la última respuesta.
Tu padre
(Albert Einstein)
