El que es santo, santifíquese, y sea cada día más santo.

Hebreos 10:34-38

El Espíritu Santo es fundamental: es Dios en nosotros y es quien forma a Cristo en nuestro interior.

La llave del cielo que Jesús entregó a Pedro es la que abriría el mensaje tanto a hebreos como a gentiles, sin acepción de personas.
Abre las puertas del cielo a todos los que no somos hebreos: es la llave que abre el Evangelio y el cielo a todo el mundo.

La verdadera prueba de que uno es cristiano es tener al Espíritu Santo.


Filipenses 3:18-21

El cielo se vive desde ahora.
Tenemos libre entrada al Reino de Dios, viviendo en la eternidad y la salvación; caminando en santidad y rectitud.

Necesitamos visitar el cielo constantemente, recordando que somos ciudadanos del cielo.
Dejemos atrás la conformidad con lo terrenal y abracemos la plenitud de Su sobrenaturalidad.


“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”
Filipenses 3:20-21


La práctica de nuestra ciudadanía celestial

Practicamos esta ciudadanía cuando estamos solos, pasando mucho tiempo con Él en secreto, y entonces se manifiesta en lo público.

El Espíritu Santo es el poder que nos sostiene en esta libertad.
Es el canal por el cual escuchamos y obramos lo que Dios nos habla.

Por eso, nuestro canal de comunicación —nuestro corazón y mente— debe estar limpio, para recibir y disfrutar el presente que Él tiene para nosotros, ese regalo que viene directo de Su corazón.


Apocalipsis 21:1-8 / 22:10-17

“El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.”
Apocalipsis 22:11


“Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”
Apocalipsis 22:17


La llave de la santidad

Solo puedes clamar “Ven, Señor” si primero tienes al Espíritu Santo.
Él es la llave de tu relación con Dios y de la santidad en tu vida.

No hay aflicción que pueda detenerte. ¡Búscalo!
El Espíritu Santo te da la oportunidad de la intimidad con Dios, y esa intimidad te da oído para escuchar Su voz; ese oído produce obras, y esas obras producen fruto.

Esto es para ahora, para luego permanecer en la maravilla que el Padre tiene preparada para Sus hijos.


Bienaventurados los que tienen sed de permanecer

Bienaventurado el que tiene hambre y sed de justicia: es decir, aquel que anhela al Espíritu Santo.
Tenemos un regalo enorme: Su presencia, para vivir en santidad.
Bienaventurado el que tiene sed de permanecer en Él.


Jesús, nuestro ejemplo

Jesucristo vino como hombre para mostrarnos lo que podemos lograr cuando lo tomamos en cuenta en cada momento de nuestras vidas.


Reflexión final

Entonces…
¿Estamos dispuestos a obedecer?
¿Estamos dispuestos a permitir que el Espíritu Santo haga Su obra y nos transforme a la imagen de Cristo?