¿Estás listo para su segunda venida?
¿Estamos listos para Su regreso? Esta prédica busca guiarnos para identificar en qué aspectos no estamos listos, para así trabajar y prepararnos. Para estar listos debemos vivir en santidad, crecer espiritualmente y mantener una relación constante con Dios.
No podemos ser como olas que van y vienen. Debemos permanecer firmes. Jesús dejó todo resuelto para nosotros mientras esperamos Su regreso, con la esperanza de que ningún cristiano tenga que huir en temor cuando Él venga.
Parábola de las Diez Vírgenes (Mateo 25:1-13)
El Aceite es el Espíritu Santo, por esto sabemos que aquellas que no tenían suficiente aceite es porque no pasaban tiempo con el Señor. Mientras las otras tenían una relación con Jesucristo y tenían el aceite suficiente, una relación con Dios, que les permitía entrar.
Las vírgenes insensatas no tenían suficiente aceite porque no mantenían una relación diaria con el Señor. Él viene a buscar a aquellos que conoce. Para estar listos, debemos tener suficiente Espíritu Santo y esperar confiados en el Esposo.
Relación Constante con Dios (Hebreos 10:16-25)
Para tener mucho aceite, debemos asegurarnos de nunca estar faltos de Él. Esto se logra a través de una relación continua y constante, cada segundo de nuestra vida. Necesitamos al Espíritu Santo para crecer y santificarnos.
Todo lo que fuimos llamados a hacer es sobrenatural. No viene de nosotros, sino del Espíritu Santo que glorifica a Cristo, no a nosotros mismos. Este es el propósito del evangelio.
El Poder de la Sangre de Cristo
La sangre de Cristo es lo que nos limpia, redime y nos hace aptos para entrar al lugar santísimo y estar con Él. Podemos entrar libremente por esa puerta que Jesús abrió con Su muerte. Su Reino está disponible para cada uno de nosotros y Su Palabra nos hace poderosos.
“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo” Hebreos 10: 19
Tenemos libertad de entrar a estar con Dios. Esta es la razón de la vida de Cristo y de vivir la muerte en la Cruz. Es la libertad de entrar a estar con Él y hacer la obra para la cual fuimos llamados, debemos aprovecharlo.
Acercarnos a Dios con Corazón Sincero, el amor verdadero
Debemos acercarnos a Dios con un corazón sincero, no buscando intereses personales o necesidades, sino porque le amamos y Él nos enseña ese amor. La relación debe ser constante y genuina.
Nuestra esperanza es vivir con Él. Cuando venga, será luego de un tiempo de persecución. Debemos estimularnos a hacer lo bueno y tener obras genuinas.
Si no colocamos a Dios primero, estamos siendo idólatras. Si queremos amar como Él ama, debemos pasar tiempo con Él. Dejar de ser nosotros mismos y vivir con los ojos puestos en Dios.
Dios desea tener una relación constante con nosotros. Debemos estar alertas y preparados: Vivir pasando tiempo con Dios, todos los días y, todo lo que puedas. Ese es el secreto.
Fe a Toda Prueba (1 Pedro 1:7-9)
La fe auténtica es más valiosa que el oro. Si el oro se prueba con fuego, nuestra fe también será probada con dificultades. Pero si permitimos que nuestra fe crezca, el resultado será maravilloso, aunque no siempre sea fácil.
La verdadera recompensa se encuentra en ser hallados en alabanza, gloria y honra cuando Jesucristo se manifieste.
Que cuando tu hablas Dios venga porque ve tu corazón y encuentra en él una fe preciosa, trabajada en la intimidad con Cristo.
Vivir Piadosamente (2 Timoteo 3:1-5)
Ser piadoso significa ser un hombre lleno de Dios. Nuestra relación con Él debe ser continua y sincera.
Siendo radicales y entendiendo: Estás con Cristo, o estás en su contra. Si no tienes a Cristo, tarde o temprano, Satanás se va a apoderar de ti.
Evitemos a aquellos que tienen apariencia de piedad, pero viven con actitudes que no corresponden.
Escuchar la Voz de Dios (Juan 10:27-28)
Cristo vive y nos habla. Él conoce a quienes oyen Su voz. Pero no podemos escucharlo con la mente, sino con el corazón. Negarse a sí mismo, tomar la cruz y seguirlo es esencial.
No hay Pentecostés en nuestra vida si no pasamos por el calvario: Toma tu cruz, niégate a ti mismo y, entonces, sígueme.
Vida en Cristo (1 Pedro 1:18-23)
La vida sin Dios es un laberinto del cual nadie puede salir con vida. Él es quien guía y nos lleva a la meta: la vida eterna. Estamos dentro de un plan perfecto y Su voluntad siempre es buena, agradable y perfecta.
Cristo te sacó de tu vana manera de vivir. No dice que te quitó de una mala forma de vivir (aunque también fue así). Dice vana, lo cual quiere decir que antes de vivir con Cristo vivías para nada, sin frutos.
Si uno no cultiva una vida con el Espíritu Santo guiando, este laberinto nos llevará por un camino en que si bien seremos mejores que antes, seguiremos siendo vanos.
La Guía de Su Espíritu Santo nos salva de la vanidad, vivimos para tener el honor de dar frutos, teniendo una vida llena que nos dará la vida eterna.
Humildad y Poder (1 Pedro 5:2-5)
Dios da gracia a los humildes. Si uno tiene el poder de Dios, es humilde.
Retén lo que tienes para que nadie tome tu corona. Nuestra corona incorruptible de gloria nos convierte en columnas y pilares en Su templo. Debemos entrar al lugar santísimo, crecer y santificarnos.
Todos podemos ser un pilar de Su Iglesia si hacemos las cosas como Él nos enseña, no como creemos que deben ser.
El llamado hoy es a mantenernos firmes, asegurándonos de estar siempre llenos del Espíritu Santo y fortalecidos en nuestra relación con Dios. Debemos estar listos para Su regreso, viviendo cada día para glorificar a Cristo y no a nosotros mismos.
¿Estamos listos para Su segunda venida?
