La herencia que el Señor nos entrega cuando realmente somos cristianos
El Nuevo Testamento es la herencia que Cristo nos ha entregado para que lo vivamos plenamente en nosotros.
Nuestra verdadera vida comienza cuando resucitamos en Cristo, y Él pone Su Espíritu Santo en nosotros. Recibimos un nuevo espíritu y un nuevo corazón, dispuestos a servir al Señor. Además, contamos con un cuerpo que obedece al Espíritu Santo.
La muerte es devorada por la victoria de la santidad, la victoria que hay en Jesucristo. Los cristianos dejamos atrás el pecado, lo superamos, y vencemos a través de la victoria de Cristo. Por lo tanto, la muerte ya no tiene poder sobre nosotros.
Fuimos llamados a recibir esta herencia de Jesucristo, firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre. Cuando trabajamos de esta manera, no existe la vanidad, porque todo da fruto y todo refleja a Cristo.
La palabra “envanecerse” proviene de la vanidad, que a su vez viene de lo vano, es decir, algo que no sirve y no da fruto. Entonces, si como cristiano no manifiesto el poder de Dios ni doy fruto, mi vida es vana. Necesito buscar al Espíritu Santo y vivir en Él, buscando la cercanía con Dios y viviendo el testamento que Jesús ha puesto en nosotros.
Podemos transformar este mundo si recibimos y creemos en la herencia que Él nos ha dado. Jesucristo hizo todo para que fuéramos libres de la maldad, a través de Su poder, Su palabra y Su amor.
