Niégate a ti mismo, dejando de buscar tus propios deleites. Entonces Dios hará en ti la obra que desde hace tiempo desea realizar.
El anhelo para esta Iglesia es que aprovechemos ese acceso que tenemos a estar con el Espíritu Santo, y entrenando nuestro oído para escucharlo, estar atentos.
Dejar de ir a la Iglesia con la intención de tomar un poquito de Su presencia para después seguir como queramos.
¿Qué es la Fé?
Muchos sabemos la palabras de memoria para describir la fé, pero ¿Lo vivimos?
No es lo que estamos viendo, sino la convicción de aquello que no vemos, y sabemos que pasa.
Jesucristo nos dejó el honor de poder entrar cada día a Su presencia, algo que los antiguos no podían.
Lo que vemos está hecho de lo que no vemos. Dios hizo el mundo y solo podemos tener esa certeza en una relación con El.
La verdadera fé no se mide en respuestas inmediatas, debemos aprender que Dios jamás se detiene. Puede haber silencio, falta de respuestas, pero es porque Dios no solo está trabajando en el milagro, sino que está trabajando en ti.
Mi fé me obliga a no titubear en ningún minuto y eso obliga al Señor a hacer milagros.
La falta de respuesta, el dolor de la espera, no es el fin. Es el preludio de algo más grande, algo que ni siquiera esperamos o imaginamos.
Abandonar la pereza, buscar al Señor con tiempo y trabajando para Él.
Ferviente en tu Espíritu, el cual tienes ahí. Es Él quien nos hace servir al Señor con Poder y certeza.
La espera puede ser dolorosa, pero el Señor está trabajando en ti también.
Esa es la fé y la forma de orar con Poder.
Al morir a ti, dejando de estar tu primero, viviendo en la libertad para orar y darle eso mismo a otros.
La cruz no es perdonar nuestros pecados, siendo nosotros los protagonistas. No, la cruz es morir a nosotros mismos, a nuestros deseos.
Jesús fue y murió para que muramos juntamente con Él, dejemos de ser nosotros, y el Espíritu Santo haga la obra que hace mucho tiempo quiere hacer con cada uno de nosotros.
Hagamos partícipes a otros, y entonces, lo seguimos.
Si seguimos siendo las mismas personas, queriendo lo mismo, sin un cambio entonces el Señor, no quiere que lo sigamos.
El Espíritu Santo no actúa en una persona que sigue viva. Actúa en Cristo, quien murió renunciando a Su Vida, haciendo todo lo que el Padre le decía por medio del Espíritu Santo.
Aquello que tú vives y deseas no se aprovecha en nada
Si no tienes a Jesucristo no puedes entrar al Padre, si Jesucristo no derramó la sangre sobre ti no puedes entrar al lugar santísimo.
Jesús murió para derramar Su sangre sobre mí, entrar seguido en mi vida, y poder invitar a muchos. Es la libertad que Dios nos da por Su sangre.
La garantía, la llave, es el Espíritu Santo. Entrando y renunciando a mi vida, deleites y deseos. Tener y obedecer, no solo reclamando las dádivas de Dios.
Se acabaron los temores porque estamos haciendo la obra de Cristo
Hay un nexo profundo con el Señor, nuestro espíritu y el Espíritu Santo son uno, quitando del camino nuestra mente y estando atentos a escuchar y obedecer.
Lo que separa tu carne del Espíritu es la palabra, el Rhema.
Tu necesitas saber y aprender a escuchar tu Espíritu Santo para no seguir escuchando tu alma, para saber lo que Dios quiere.
Cuando no entras a Su presencia no disciernes tu alma de tu Espíritu.
Discernir cual es el propósito de tu corazón, aquello por lo cual fuiste creado.
Tu deleite es tu propósito, aquella razón por la que fuiste creado.
No podemos seguir en nuestros tiempos y haciendo lo que se nos da la gana,
en vez de escuchar y hacer la voluntad de Dios.
