Las Ventajas de ser Templo del Espíritu Santo

Vivir en el Espíritu Santo

Del pueblo liberado de Egipto, solo Josué y Caleb entraron en la tierra prometida. Dios había enviado a varios hombres a espiar aquella tierra, pero al volver no creyeron que podían conquistarla porque estaba habitada por gigantes.

Sin embargo, Josué y Caleb sí confiaron en la promesa de Dios y animaron al pueblo a mirar con fe, no con sus condiciones humanas. La incredulidad de la mayoría los llevó a morir en el desierto, pero Josué y Caleb entraron en la tierra prometida junto con una generación renovada que había crecido entre milagros y fe.

Josué fue escogido para liderar porque permanecía constantemente en la presencia de Dios.

Nuestra Promesa Hoy

Nosotros también somos parte de esa promesa.
Nuestra herencia es el evangelio, y cada lugar donde pongamos la planta de nuestros pies se convierte en tierra a conquistar.

Debemos leer la Palabra, pero sobre todo, vivir en el Espíritu Santo.

En aquel tiempo, Dios hablaba y el pueblo obedecía. Hoy tenemos algo aún mayor: el Espíritu Santo habita dentro de nosotros. Esa es nuestra identidad y nuestra verdadera fuerza.

Revelación y Dependencia

Pedro recibió revelación del Padre cuando confesó a Jesús como el Cristo. Sin embargo, poco después, al escuchar sobre la cruz, fue tropiezo para Jesús. Esto nos muestra que cuando actuamos en nuestras fuerzas, aun después de haber recibido revelación, nos volvemos inconstantes.

Jesús, entonces, les enseñó que debían morir a sí mismos: renunciar a sus deseos y creencias para seguirlo de verdad. Tomar la cruz, morir junto con Él y resucitar en una vida nueva.

Un Corazón Nuevo

El profeta anunció que Dios quitaría el corazón endurecido y nos daría un corazón de carne, reemplazando nuestro espíritu centrado en el “yo” por Su Espíritu Santo.

Sin el Espíritu no podemos vivir lo que Dios nos pide.
Él no es un simple ayudante: es quien lleva adelante la obra para la cual fuimos llamados.

Se trata de una relación diaria, constante, íntima.

La Promesa de Jesús

Jesús mismo vino como hombre para mostrarnos cómo vivir guiados por el Espíritu. Luego se fue, para que el Espíritu Santo pudiera habitar en cada uno de nosotros.

Con Él, la culpa ya no tiene poder. El enemigo huye.
Vivir conscientes del Espíritu Santo nos lleva a una santidad genuina, sin máscaras ni apariencias.

Una Vida en Victoria

Cuando tomamos la cruz, todo nuestro pasado queda bajo la sangre de Cristo. Solo permanece el presente y lo que viene. Nadie puede apartarnos de Su victoria.

Nuestro pasado ya no nos condena: tiene un dueño que pagó con Su vida.

¿Qué Significa Vivir en el Espíritu Santo?

Nuestra alma vacía ahora es Su morada. Ya no somos uno, somos dos: yo y el Espíritu Santo.
En Él podemos entrar al lugar más íntimo de la presencia de Dios. Y ahí nos encontramos también con Cristo y con el Padre.

Lo valioso nace en el secreto, a solas con el Espíritu Santo. Ahí crece lo invisible por la fe: el poder de Dios y la intimidad que sostiene nuestra vida.

El Espíritu en Nosotros

El Espíritu Santo:

  • Habita en nosotros

  • Nos acompaña

  • Interviene

  • Enseña

  • Guía

  • Libera

  • Defiende

  • Nos abre a una comunión imposible de ignorar

Somos Su templo, no un visitante de Su casa.

Por Su presencia en ti, milagros y señales deben manifestarse.

Una Vida Transformada

Jesús dijo que haríamos cosas mayores que Él.
Por eso:

  • No buscas milagros: eres el milagro.

  • No buscas respuestas: la respuesta está en ti.

  • No buscas bendiciones: permaneces en el Dador de las bendiciones.

Él nos transforma para ser semejantes a Cristo.
Lo imposible se vuelve posible.
Lo muerto resucita.

Cristo en nosotros, la esperanza de gloria.