Pésaj es el tiempo en que el pueblo de Israel fue liberado de la esclavitud en Egipto.
Éxodo 3:1-12; 12:1-12, 29-42.
En esta historia, Dios libera a su pueblo mediante la muerte del primer cordero pascual. Su sangre, colocada en los dinteles de las puertas, impidió que el ángel de la muerte entrara en sus hogares. Este evento es una figura profética de lo que Cristo haría por nosotros.
Hoy recordamos el día en que Jesús entró en Jerusalén. Así como aquel primer cordero evitó la muerte en Egipto, la sangre de Cristo —el Cordero perfecto— no solo nos libera de la esclavitud del mundo, sino también de la muerte y del pecado.
Gracias a Él, tenemos libertad para tener una relación íntima con Dios.
Por eso, no debemos amar al mundo, porque el mundo ofrece esclavitud.
Lo mejor que podemos recibir está en Cristo: Su sangre nos da acceso al Lugar Santísimo para estar con Él, viviendo eternamente.
Vivir en Su victoria ante la muerte y el pecado, vivir sin seguir pecando y tener una relación íntima con Jesucristo.
Lo mejor de este mundo está en Cristo, entrando al lugar santo para estar con Él. Este cordero – Jesucristo – nos permite entrar.
La primera sangre no permitió entrar la muerte y los liberó de la esclavitud. Pero la segunda sangre, la de Cristo, no solo nos libera de la muerte y la esclavitud, si no que nos da vida y libertad ante el mundo y para vida eterna.
Profecía cumplida, el camino de Jesucristo sobre el pollino
Esta segunda historia —la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén— nos muestra que ahora tenemos acceso libre a Dios. Podemos conocerlo, amarlo y vivir en verdadera libertad.
Zacarías 9:9 profetizó que el Rey vendría montado en un pollino, símbolo de paz.
Jesús descendió por un camino que lo llevó hasta la puerta del templo, haciendo una pausa para contemplar Jerusalén y llorar por ella. Esa puerta se llama “La Dorada”.
Actualmente, esa puerta está sellada, y los musulmanes han colocado un cementerio frente a ella para impedir que el Mesías entre, ya que según la ley judía, tocar un cadáver haría impuro a un sacerdote.
Sin embargo, por medio de un profeta, sabemos que esta puerta no se abrirá hasta que Jesús regrese por segunda vez.
Jesús en el templo
Jesús también pasó por la Puerta de “La Aurora”, dentro del templo.
Al ver que se vendía en la entrada, reaccionó con firmeza, mostrando su carácter ante el pecado y la seriedad de su ministerio. Luego de eso, sanó enfermos y realizó maravillas.
Tenemos un Dios serio, al cual debemos respeto quitando todo pecado, todo lo que “yo quiero” para vivir en verdadera rectitud y voluntad de Dios.
_ nota sobre la adoración de los niños _
